Yucatán ha dependido durante años de energía generada fuera de la península, un desafío que se profundizó por sus condiciones geográficas que dificultaban la integración de infraestructura eléctrica local. Esta región, rodeada de agua, carecía de la conexión y capacidad eléctrica necesarias para sostener su crecimiento urbano y el aumento en el consumo residencial, comercial e industrial. Según datos recientes, la demanda máxima de la península ha oscilado entre 2,714 y 2,992 MW en horarios pico, una cifra que exhibía serias presiones sobre un sistema con capacidad limitada.
La falta de inversión y modernización dejó al sistema vulnerable. Aun cuando ya existían plantas de la CFE en Mérida y Valladolid, su capacidad no era suficiente para cubrir la demanda ni para garantizar un suministro confiable, lo cual generaba apagones y restricciones durante temporadas críticas. Frente a un crecimiento poblacional y una economía en expansión, la búsqueda de autosuficiencia eléctrica dejó de ser una aspiración lejana para volverse una necesidad imperativa.
Hacia la autosuficiencia: nuevas plantas y capacidad excedente
El panorama está cambiando. La CFE ha puesto en marcha dos nuevas centrales de ciclo combinado, Mérida IV y Riviera Maya–Valladolid, que han elevado la capacidad de generación de Yucatán en un 38.2 %, alcanzando un total de 5,486 MW cuando se incluyen también los enlaces de transmisión. La reciente entrada en servicio de Mérida IV añade 500 MW, que se suman a los 1,853 MW de plantas existentes y los 1,306 MW aportados por productores privados, sumando un total de 3,159 MW operativos en la península.
Este incremento no solo cubre holgadamente la demanda máxima histórica de 2,992 MW, sino que también genera un margen de excedente que podría ser enviado a otras regiones del país. Esto implica que Yucatán ya no solo satisface sus propias necesidades energéticas, sino que también contribuye a equilibrar el sistema nacional.
La autosuficiencia energética es ahora una meta tangible. La transformación es resultado directo de la modernización de la red eléctrica, la reactivación de la CFE como empresa pública integrada verticalmente y la sinergia entre capacidad privada y pública. Con estas acciones, Yucatán transita hacia una nueva era en la que el acceso a la electricidad se consolida como un derecho garantizado, respaldado por una infraestructura sólida, una inversión estratégica y una visión de desarrollo a largo plazo.
