Récord de importaciones de gas natural: datos y contexto 

Este año, México registró un hito notable en sus importaciones de gas natural desde Estados Unidos: en agosto las entradas vía ducto alcanzaron 228,573 millones de pies cúbicos, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA por sus siglas en inglés).  

En el mes de mayo ya se reportaba un flujo diario de 7.5 mmmpcd (millones de metros cúbicos por día) la cifra más alta hasta la fecha, mostrando un crecimiento de aproximadamente 25 % respecto a 2019, cuando las importaciones promedio rondaban los 6.4 mmmpcd. 

Para la economía mexicana, este auge es buena señal: el gas natural es combustible clave para generación eléctrica, industria y procesos productivos, lo que ayuda a garantizar suministro, moderar costos energéticos y fortalecer la competitividad del país. También resulta relevante para la transición energética y el cumplimiento de metas de reducción de emisiones, dado que el gas natural puede sustituir combustibles más contaminantes. 

En este contexto, el récord de importaciones adquiere un rol estratégico que trasciende el dato: confirma que México está conectado de forma más consistente a la cadena energética continental, lo que fortalece su posición comercial y energética. 

Regulaciones, restricciones y por qué el panorama es diferente 

A pesar del crecimiento, la EIA identifica dos principales cuellos de botella que podrían frenar la importación: primero, la infraestructura limitada de gasoductos y permisos; segundo, la capacidad de almacenamiento de gas natural en el país.  

Sin embargo, en el caso mexicano, la expansión reciente de ductos de conexión particularmente desde Texas hacia el centro y suroeste del país ha permitido aumentar la vía de abastecimiento sin restricciones mayores. 
Desde la perspectiva regulatoria, un marco claro y dinámico será decisivo para mantener este ritmo: autorizar nuevas conexiones con eficiencia, garantizar mantenimiento e interoperabilidad de los sistemas, y asegurar que los permisos ambientales y operativos no sean obstáculo.  

En un país en donde la infraestructura ha sido históricamente foco de debates, la realidad actual muestra que el aprovechamiento de los ductos ya instalados ha sido un factor clave para evitar el riesgo de desabasto.  

Esa ventaja estructural permite que la mayor parte de las importaciones se canalicen sin contratiempos, lo cual, si se preserva y diversifica, coloca a México en un escenario favorable frente a posibles restricciones internacionales o volátiles. 

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