Es buen momento para el análisis y, sobre todo, para que los tomadores de decisiones reevalúen algunas de las rutas tomadas por la anterior administración federal, particularmente la que tiene que ver con el modelo de refinación adoptado por Petróleos Mexicanos (PEMEX).
Desde la perspectiva de algunos analistas, expertos y en general la opinión pública, lo primero en entender yace en el por qué dicha ruta se considera inviable, especialmente en un panorama energético tan complejo y cambiante.
Y para ello, hay que acudir a los datos, los cuales lucen lúgubres y lapidarios, toda vez que indican que el año pasado PEMEX registró una pérdida neta de 620.6 mil millones de pesos, aunada al saldo de su deuda financiera bruta, la cual asciende a 1.98 billones de pesos.
A lo que también hay que sumarle la carga fiscal significativa que limita sus capacidades de inversión.
De modo que, tal como lo indican los analistas, en dicho escenario existen dudas sobre la capacidad de la otrora paraestatal para financiar proyectos de refinación a gran escala, e incluso, ni siquiera los planteados por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Con todo y que entre 2019 y 2024 PEMEX recibió apoyos por 1.38 billones de pesos a través de aportaciones patrimoniales, estímulos fiscales y otros, no logró mejorar su operación y repuntar su producción de petróleo.
En este punto, obviamente no se puede hablar de un modelo de refinación óptimo.
¿Modelo de refinación u otras alternativas?
Ahora bien, si para mejorar el escenario se pensara en inversiones para modernizar refinerías existentes y construir nuevas plantas, se necesitaría de presupuestos astronómicos, porque sin un flujo constante de recursos y con márgenes de operación tan ajustados, los riesgos financieros se incrementan exponencialmente.
Eso explica de la misma forma por qué México no ha podido sustituir la importación de gasolinas que mayoritariamente importa de Estados Unidos y, por el contrario, acumula la deuda más alta en 13 años, tendiendo en PEMEX Transformación a su principal talón de Aquiles, con el 95% del total de las pérdidas.
De igual manera, no se puede pasar por alto que el entorno del mercado energético está cambiando rápidamente y la transición global hacia energías más limpias está influyendo en la demanda de combustibles fósiles.
Si bien PEMEX ha apostado por incrementar su capacidad de refinación, el futuro de la industria petrolera es incierto; mientras que, las políticas medioambientales y la presión internacional por reducir emisiones complican aún más la viabilidad de nuevos proyectos petroquímicos.
Por ello, al llevar a cabo un análisis de los resultados del modelo de refinación adoptado por PEMEX desde el sexenio pasado, solo resta seguir tratando de entender por qué se le ha dado continuidad, e incluso, el gobierno federal en funciones “le ha tendido la cama” con más leyes y reglas para favorecerlo.
Con información de El Economista