Hasta hace algunas semanas en el entorno nacional se pensaba que la transición energética en México no tenía más por delante que incertidumbre, sobre todo luego de las reformas constitucionales aprobadas por el Congreso y promulgadas por la presidenta, Claudia Sheinbaum.
Esto porque se gestó la eliminación de organismos autónomos como la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece); la prevalencia en los mercados energéticos de las empresas públicas (Pemex y CFE); y el refrendo de la soberanía del Estado sobre el litio y otros metales considerados como estratégicos.
No obstante, las agresivas políticas impulsadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, principalmente en materia energética, han abierto un panorama diferente en nuestro país, o al menos así lo perciben algunos expertos.
Actualmente, la energía limpia en Estados Unidos asciende aproximadamente a 20% según cifras del Departamento de Energía y de dicho número, la eólica representa 10.3%, la hidroeléctrica 6%, la solar 3.4%, la biomasa 1.2% y la geotérmica con 0.4%.
En tanto, en México a 2023, la participación de las energías limpias había alcanzado 22%, siendo las dominantes la hidroeléctrica con 6.2%, la eólica con 5.6% y la solar fotovoltaica con 5.2%.
Sin embargo, Trump decidió mantener un enfoque pro-fósiles, deshaciendo regulaciones ambientales y promoviendo la producción de combustibles fósiles.
Dos enfoques con respecto a la transición energética
La idea de promover la autosuficiencia energética de EE.UU. generó una reacción en cadena en otros países, especialmente en México. Al hacer énfasis en el petróleo y el gas, el republicano prácticamente ignoró las necesidades urgentes de la sostenibilidad y del cambio climático, pero generó una bendición disfrazada para nuestra nación.
México posee un potencial enorme en energías renovables. Si bien Trump sugería un regreso al carbón y a la dependencia de los combustibles fósiles, esto pone de manifiesto la necesidad de diversificación en fuentes de energía en todo el continente.
Y en lugar de seguir el ejemplo de Trump, nuestro país tiene la oportunidad de avanzar hacia un modelo sustentable y renovable, dejando así a los norteamericanos con su enfoque retrogrado, y a los mexicanos con el potencial para convertirse en líder en energías limpias.
Ahora bien, ante las tensiones generadas por las políticas trumpistas, es necesaria una cooperación más estrecha y, que mejor que la inversión en tecnología limpia y en proyectos de energía renovable para cumplir con los compromisos climáticos y atraer inversionistas que buscan un futuro más verde.
Abonando también a un escenario en donde las empresas que antes podrían haberse centrado en EE. UU. ahora ven a México como un lugar atractivo para invertir en energía solar, eólica y otras tecnologías limpias.
Pero para que esto suceda, nuestro país requiere de un liderazgo que fomente la transición energética y sobre todo de un marco regulatorio claro y amigable para las inversiones en energías renovables.
Sin olvidar la coordinación entre el gobierno federal y las entidades locales que permita implementar proyectos que no solo beneficien a las grandes empresas, sino que también promuevan un desarrollo sostenible y equitativo en todas las regiones.
Con información de Energía a Debate
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